“No habría que hablar más de solidaridad sino de un compromiso social”, opina Mario Raimondi, uno de los fundadores de una organización cuyo objetivo es mejorar las condiciones de vida de chicos que viven en situación de pobreza en Rosario.
Por Mariángeles ParodiTodo surgió en diciembre de 2002 cuando Mario volvió de Holanda a Rosario con la idea de hacer algo por los demás. Hace ya ocho años que este joven fue a vivir a dicho país para trabajar, en un principio, como entrenador de jockey, y luego pasar a formar parte del departamento de marketing de una empresa de Nike.
Un desafío por los demásLas distintas problemáticas que pasaban en el mundo llamaron la atención de Mario desde su niñez. Es así como en octubre de 2006 su compromiso social se concretó con la puesta en acción de El Desafío, una fundación que actualmente trabaja con 30 chicos entre 7 y 12 años de edad que se encuentran en situación de riesgo. Todos provienen de barrios carenciados, la mayoría de los barrios La Lata y Moreno. Mario lo resume en estas palabras: “Estos son chicos que a nosotros nos costó hace dos años hacerles entender que robar estaba mal. Ellos conviven con la criminalidad y no saben que es algo que no está bien. En el momento en que uno les explica, ellos empiezan a ver que hay otros principios, y otras posibilidades de tener una vida”.
Las actividades se desarrollan en las instalaciones de la escuela Abanderado Grandoli (Uruguay y Pte. Roca), donde los chicos asisten por la mañana a clases y por la tarde son convocados para trabajar con diferentes programas de acción. La idea es que el número de chicos y su rango de edad se incrementen año a año. “La fundación tiene un plan a largo plazo para ir creciendo, hasta incluir a 120 chicos junto con su grupo familiar”, cuenta Mario.
“Tenemos casos de situación de pobreza extrema. Si bien están todos escolarizados, las problemáticas con las cuales nos encontramos son muy variadas como violencia familiar, drogadicción, criminalidad, abuso sexual, desempleo, problemas económicos, y de educación”, agrega.
En el staff de la ONG trabajan 8 profesionales contratados entre docentes, psicólogos y profesores de educación física y de murga, 6 voluntarios permanentes y en ciertas ocasiones como en la realización de eventos, el número de voluntarios asciende a 50.
Para todos por igualMario considera que “todo chico merece iguales oportunidades de crecimiento y de educación que cualquier otro chico”. “No nos enfocamos en ninguna de las problemáticas en particular sino que queremos atacar a la raíz de todo. Al no tener recursos ilimitados no podemos decir que vamos a ayudar a 1 millón de chicos, decidimos ayudar a menos chicos pero con más programas”, explica.
Hasta el año pasado se estuvo trabajando con cinco programas de acción y este año se tiene pensado incorporar uno más. Mario cuenta que “se utiliza la murga y el deporte como vehículo de inclusión social para que los chicos tengan reglas de juego, puedan trabajar en equipo, tengan objetivos en común, para transmitirles valores y principios que hasta ahora no han tenido”.
Otro de los programas es el de asistencia psicológica que se denomina “garabato”. Los chicos se expresan a través de diferentes disciplinas artísticas como el dibujo, y la expresión corporal, lo que permite identificar problemáticas y de esta manera trabajar con su personalidad para que puedan enfrentar sus propios problemas. Además existe un programa de apoyo escolar y este año se está intentando fusionar dicho programa con el de e-learning. Según Mario, “éste es un programa muy innovador donde se aprende a usar las herramientas de un programa de computación para con esos conocimientos lograr hacer otras cosas”. Además, todos los días los chicos toman la merienda en la escuela.
Pensar en positivo“Sí, en absoluto” es la respuesta de Mario al preguntarle si cree que se puede revertir la situación de un chico que se encuentra en tales condiciones. “El tema es la forma en cómo uno lo intenta. No creo en el asistencialismo, en la ayuda inmediata. Si estamos hablando de la pobreza, que es un tema estructural, en este caso no habría que hablar más de solidaridad sino de un compromiso social”, explica.
La pregunta está en cómo podemos ayudar a lograr este cambio. Para Mario no es ninguna ciencia ni tampoco se requiere de grandes acciones sino que “es cuestión de ser responsables con las acciones cotidianas de cada uno”.
Aires de cambioLos cambios están y eso se nota, dice: “Apenas empezamos a trabajar eran chicos violentos, no conocían otra forma de comunicarse que no sea la agresión física. Eran chicos que no tenían ningún tipo de perseverancia. Uno les preguntaba qué querían ser cuando sean grandes y ellos eran incapaces de imaginar y fantasear”.
Esos cambios también se encuentran en la sonrisa de los chicos, en un momento alegre de murga y por qué no en un partidito de fútbol o de jockey con los profes. Éstos son los únicos testigos de sus cambios, los que conviven día a día con ellos y los que apuestan a que las vidas de estos chicos sean cada día un poquito mejor. Todo un desafío pero no por ello imposible de lograr.
Mario destaca que falta un mayor compromiso de parte de las empresas y de los medios para lograr llegar a más gente. Lo que por el momento se está necesitando con más urgencia es ayuda en el desarrollo de programas, dice: “Sería interesante trabajar en conjunto con universidades para ayudar a monitorear programas y ver sus impactos”. Para comunicarte con El Desafío lo podes hacer a través de su página web www.eldesafio.org.
Fuente:
Ser y Sociedad